viernes, 29 de mayo de 2015

Actividades encubiertas VII





  Las actividades de la "sociedad civil" en el ámbito
 político de Cuba, es la red mejor tejida por las actividades encubiertas. Comenzando con la célebre Asamblea para promover la Sociedad Civil en Cuba, en la que tuvieron una deliberada participación, continuaron su trabajo con suficiente recurso, libre acceso y la ingenua colaboración de sus víctimas.
 En el principio, hablar de la "emergente sociedad civil" en Cuba, eran actividades "contrarrevolucionarias".
    Sin embargo, el régimen no demoró en advertir su descuido al dejar de usar una frase clave de la vida moderna en ámbito popular. Porque una genuina sociedad civil, en sus funciones de autodefenza, demandando reivindicaciones y mejoras sociales, pudiera desplazar la vieja y obsoleta retorica de la "dictadura del proletariado". Razón por la que el Cacique decidió con urgencia cambiar el nombre de las tribus, comenzando a llamarles "sociedad civil". Tal vez esperando que un fraude en contra del otro, si no se gana se empata.
  Así que con esa intención de seguir engañando y manipulando a la población civil, explotando inescrupulosamente sus necesidades, sus pasiones y sus emociones, comenzaron los escenarios competidores.
  Lo sucedido en Panamá, con motivo de la VII Cumbre de las Américas y el foro de la Sociedad Civil, no fue una casualidad, sino parte de los mismos escenarios.
  Decir que la sociedad civil cubana está dividida ideológicamente es una ironía inaceptable. Las divisiones ideológicas sólo se dan en los grupos, organizaciones o partidos políticos. En los países donde no existen regímenes totalitarios, dominantes, absolutistas y tiranos, cuando se trata de una problemática nacional, los diferentes grupos sociales discuten sus diferencias para ponerse de acuerdo entes de sugerir a sus gobiernos, posibles soluciones. Mas no así para acordar defender o atacar a las autoridades oficiales.
  Cuando los pueblos tienen necesidades comunes, voluntad para buscarle solución, y tal solución depende de la voluntad y ejecución de parte de su gobierno, no tiene sentido la disputa popular.
  Este espectáculo, a plena luz y vista pública, señala la eminente formación de grupos cívicos que reclamen las necesarias y justas reformas sociales para sacar a la nación adelante.
  Las disputas callejeras solo sirven para cebar la arrogancia y la soberbia de los lideres políticos.
  Una parte de los ciudadanos instrumentados por el régimen, otra parte en rebeldía y la mayor parte de los ciudadanos evadiendo participar en los ridículos escenarios, es una clara evidencia de la difícil restauración de una Sociedad Civil funcional para salir adelante. Lamentablemente, esta es la triste realidad que no ha tenido la suerte de conseguir suficiente demanda dentro de los politizados y comercializados medios de difusión.
  Probemos con los medios de las redes sociales, donde se supone esté el mayor numero de afectados, sin ánimo lucrativo ni interés político, pero si muy interesados en la restauración de la paz y concordia nacional.